HOUSE FLOOR SPEECH on Roskam Amendment on Cockfighting

Today, I rise in respectful opposition to amendment number 28 to H.R. 2, the Agriculture and Nutrition Act of 2018, introduced by the gentleman from the 6thCongressional District of Illinois, Mr. Peter Roskam.
This amendment is based on the premise of establishing more Federal regulation over activities in the territories. In Puerto Rico, cockfighting is already a highly regulated gaming industry. Originally regulated in 1933, the industry is covered by local Act 98 of 2007, which created the Cockfighting Affairs Office under the Puerto Rico Department of Sports and Recreation, which issued Regulation No. 7424 that sets forth all aspects related to cockfights, including but not limited to:
- licensing of venues, referees and breeders
- rules for the construction of venues
- penalties for events held in unauthorized venues
- public behavior at cockfights, and
- prohibiting the import or export of birds for either breeding or fighting.
According to the latest statistics from the Puerto Rico Cockfighting Affairs Office, this industry represents:
- Approximately 27 thousand direct and indirect jobs between 82 venues.
- And over $18 million in economic activity, counting only the gaming side.
These numbers may seem insignificant within the context of the Mainland, but in a depressed economy like Puerto Rico's, $18 million is a significant amount.
Since the 2002 Farm Bill, Congress has adopted the same wording of the Animal Welfare Act. In other words, cockfighting is prohibited in the States, and in interstate commerce, but can be legal if the state or territory authorizes and regulates the event and the bird is not involved in interstate commerce. However, it defers to the states if they decide to authorize and regulate cockfighting within their jurisdiction.
Mr. Speaker, cockfights held in the territories have not affected health and safety in the Mainland. Furthermore, the federal government already backs up enforcement in states and territories that do choose to make cockfights illegal.
The proposed prohibition of cockfighting in the territories would distress even more the economy in Puerto Rico by not only reducing economic activity and jobs, but also the revenues the government collects from licensing and penalties.
Additionally, an abrupt prohibition of cockfighting will transform a highly regulated industry into an underground industry, bringing back the fights to our streets where there is no control.
Mr. Speaker, this issue has been debated in prior Farm Bills, and is crafted as a careful arrangement that respects state rights and provides equal treatment to the territories regarding local decision making. This language has survived previous legislation and should survive this one.
We have not been given the opportunity to discuss nor debate this issue. My constituents deserve to be heard and, if there are any concerns, they should originate at a state level, according to what the people of Puerto Rico- which I proudly represent- decide.
No pasa en la Cámara federal la prohibición de peleas de gallos
Comisionada Residente defiende la legalidad de este deporte
Washington DC- La Comisionada Residente, Jenniffer González-Colón, se opuso tenazmente a una enmienda a la Ley de Agricultura federal que pretendía prohibir las peleas de gallos en los territorios y así lo dejó saber en el Pleno de la Cámara de Representantes cuando consumió un turno.
La Ley de Agricultura no fue aprobada en la votación de hoy por lo que la enmienda que pretendía prohibir las peleas de gallos no prosperó. La comisionada hizo una llamado a que los puertorriqueños residentes en los estados, les comunicaran a sus congresistas su defensa por este deporte y exigieran vistas públicas a esta medida.
La actual Ley de Agricultura estipula que los estados y territorios pueden regular las peleas de gallo; Puerto Rico tiene regulaciones desde 1933, actualizándola en el 2007, por lo que cumple cabalmente con la legislación federal.
Según las últimas estadísticas de la Oficina de Asuntos Gallísticos de Puerto Rico, esta industria representa, aproximadamente, 27 mil empleos directos e indirectos y más de $18 millones en actividad económica.
Todos los territorios se opusieron a la enmienda, incluso la delegada de las Islas Vírgenes, Stacey Plaskett, tomó un turno en el Hemiciclo luego de la Comisionada Residente para también oponerse a la prohibición de este deporte.
"No hemos tenido la oportunidad de debatir sobre este tema. Mis electores merecen ser escuchados y, si hay alguna preocupación, deberían originarse a nivel estatal, de acuerdo con lo que decida el pueblo de Puerto Rico, que orgullosamente represento", expresó la comisionada insistiendo en que se debe al menos, realizar una vista pública al respecto donde se escuchan las partes
A continuación el mensaje de la comisionada residente, Jenniffer González Colón, hoy, en el Hemiciclo de la Cámara de Representantes federal:
Hoy, levanto mi voz en oposición a la enmienda 28 al H.R. 2, la Ley de Agricultura y Nutrición del 2018, introducida por el compañero del 6to distrito congresional de Illinois, el Sr. Peter Roskam.
Esta enmienda está basada en la premisa de establecer regulación adicional sobre las actividades en los territorios. En Puerto Rico, el deporte gallístico ya es uno altamente regulado.
Regulado desde el 1933, en la actualidad, este deporte está cobijado por la Ley 98-2007 de Puerto Rico, que creó la Oficina de Asuntos Gallísticos del Departamento de Recreación y Deportes. Esta agencia promulgó el Reglamento Núm. 7424 que regula todos los aspectos relacionados a las peleas de gallos, incluyendo, pero no limitándose, a las licencias de los lugares, árbitros y criadores; reglas de las construcción de cedes; multas a eventos dados en lugares no aptos; conducta de los individuos durante la pelea de gallos; la prohibición de importar o exportar las aves para criarlas o para combate.
De acuerdo con las últimas estadísticas de la Oficina de Asuntos Gallísticos en Puerto Rico, esta industria representa aproximadamente 27 mil empleos directos e indirectos entre 82 clubes gallísticos y sobre $18 millones en actividad económica, contando solo el aspecto de apuestas. Estos números pueden parecer insignificantes si lo llevamos en el contexto a nivel Nacional, pero en una economía deprimida como Puerto Rico, $18 millones son una suma significativa.
Desde la Ley de Agricultura de 2002, el Congreso adoptó el mismo lenguaje de la Ley de Bienestar de Animales. En otras palabras, las peleas de gallos están prohibidas en los Estados Unidos y en el comercio interestatal, pero pueden ser legales si el estado o territorio autoriza y regula el evento y el ave no está involucrada en el comercio interestatal. Sin embargo, delega a los estados si deciden autorizar y regular las peleas de gallos dentro de su jurisdicción.
Señor Presidente, las peleas de gallos en los territorios no han afectado la salud ni la seguridad de nuestros ciudadanos en el continente. Además, el gobierno federal ya respalda la aplicación de la ley en los estados y territorios que eligen prohibir las peleas de gallos.
La prohibición propuesta de las peleas de gallos en los territorios angustiaría aún más a la economía de Puerto Rico al no solo reducir la actividad económica y el empleo, sino también los ingresos que el gobierno obtiene de las licencias y las multas.
Adicional, una prohibición abrupta de las peleas de gallos transformará una industria altamente regulada en una industria subterránea, trayendo las peleas a nuestras calles donde no tendríamos control.
Señor Presidente, este asunto ha sido debatido en " Farm Bills" anteriores, y está diseñado como un acuerdo cuidadoso que respeta los derechos del estado y proporciona un trato equitativo a los territorios con respecto a la toma de decisiones locales. Este lenguaje ha sobrevivido a la legislación anterior y debería sobrevivir a este.
No hemos tenido la oportunidad de debatir sobre este tema. Mis electores merecen ser escuchados y, si hay alguna preocupación, deberían originarse a nivel estatal, de acuerdo con lo que decida el pueblo de Puerto Rico, que orgullosamente represento.